Por el Padre,
por su Hijo
y por el Santo Fantasma.
Leí los subtítulos y algo rechinó en mi cabeza. Estaba viendo El Patriota, o tal vez era Braveheart. La memoria me traiciona y la anécdota es de hace décadas. El caso es que Mel Gibson se casaba. Y miraba las imágenes mientras leía los subtítulos en español porque estaba merodeando por la sección de electrónica del Corte Inglés de Sagasta y el volumen de esa tele estaba al cero.
Ese rugido en mi cabeza, esa sensación de que algo no está donde debería, me asalta a veces. Traducir e interpretar, que no son lo mismo, son tareas difíciles. Uno tiene que estudiarlas bien. Y dedicarles tiempo. Y, por ejemplo, conocer el contexto en el que se desarrollan las obras sobre las que trabaja. Así, cuando Tommy Lee Jones, en El Fugitivo, levanta 4 dedos de su mano derecha y advierte a gritos al resto de los policias de que Harrison Ford anda a 6 kilómetros por hora, el traductor probablemente debería haber respetado las 4 millas originales para no despojar al gesto, la mano con los cuatro dedos, de todo su sentido.
En el caso que nos ocupa, ambas obras del Señor King son maravillosas. Capaces de hacerte parar la lectura para escuchar si el es sólo un árbol lo que araña el cristal de tu ventana. Capaces de hacerte plantear por qué tiene tanto valor ese poster autografiado por tu grupo favorito. Había leído esos libros hace veinte años, pero me encantó volver a hacerlo. Pero lo que no recordaba era la traducción, francamente mejorable. Dos ejemplos.
En La Tienda, dos chavales de 6 y 10 años, están merendando mientras ven por la tele “Los Transformitas”. ¿Los Transformistas? Menudo nombre para una serie infantil. Pero diablos, si uno ha vivido en los 80 y teniendo en cuenta cuándo se desarrolla el libro, puede asociar que había una serie y unas figuritas de coches que se convertían en robots. Transformers. Jopé. Eso es. Los niños están viendo Transformers. Por desgracia, el traductor era demasiado viejo o demasiado joven para haber visto la serie. 
En Salem’s Lot, el Padre Callahan medita sobre su soterrado problema con el alcohol. Y se rememora a sí mismo justificándose. “Mire Ossifer, caminaré por esta línea recta mientras me toco la nariz”.¿Ossifer? ¿Quién es ese tal Ossifer que no había aparecido hasta ahora? Ummmm… ¿Acaso se refiere a Officer (agente, en inglés)? ¿Y por qué está mal escrito entonces? Claro, porque el bueno del cura ha abusado del vino sin bendecir y las sílabas se traban en sus labios. El traductor debería, por tanto, haber escrito algo como “Mire Osifial” o “Mire Pocilía”. No es algo preocupante. Si estás atento entenderás lo que el autor decía. Si estás distraído no te preocupará demasiado el detalle. Pero aún así, debería ser evitable.
Aún me recuerdo, mirando confuso los subtítulos de Braveheart, ¿o era El Patriota?, y cómo la chica, Belén ponía en su placa, me miró extrañada cuando empecé a reir al darme cuenta de que lo que el cura había dicho era la simple y común fórmula crisitiana cuando te santiguas y que el Espíritu Santo era lo que, Holy Ghost se dice en inglés, había sido traducido, literalmente claro, por el Santo Fantasma.

Impresionante, qué cosas descubre uno si presta atención.
Un placer leerte.
Tenía la impresión de que cada vez se hacían peores traducciones, pero es verdad que en el caso de los libros de King, las ediciones eran del siglo pasado, así que parece que el problema viene de lejos.
Gracias por el comentario!!
No todos van a ser como Tolkien o Günter Grass e implicarse directamente en las traducciones. Recuerdo, hace la friolera de 13 años, que leí la crítica de “El Club Dumas”, de Perez-Reverte, en el “Weekly Entertainment” (qué cosas hace uno en su juventud) y la crítica decía que era un libro horrible pero que, dado el éxito que había tenido en su país natal (España), probablemente se debía a una muy mala traducción.
Así que el síndrome de las malas traducciones no tiene caracter temporal ni geográfico…
Jopé con tu pasado anglosajón.
Pues sí. Probablemente uno de los grandes aciertos de El Señor de los Anillos es la traducción fabulosa de todo, desde los apellidos (Samsagaz en vez de Samwise) hasta las regiones (Delagua por Bywater). Excelente.
Pingback: Objetivos 2011: Aquí Ripley, última superviviente del Nostromo. Fin de la Transmisión | Nuestras Almas