Duma Key, por Stephen King, nos habla de un autor de cuadros que no sabe que lo es. Nos sugiere que la creatividad nace de poderosas fuerzas en nuestro interior y en el exterior, como si las olas y el viento nos empujaran a pintar, esculpir, fotografiar, escribir…
Hoy ha comenzado el NaNoWriMo de este año. Noviembre es el mes de la escritura de novela corta, y centenares de miles de fontaneras, cajeros de supermercado, enfermeras, dentistos y algún que otro escritor, golpeamos compulsivamente los teclados de nuestros ordenadores con la esperanza y guía de Leonard Bernstein. “Para hacer grandes cosas hacen falta un buen plan y tener muy poco tiempo”.
Este año mi manúscrito se acerca algo más al mundo actual que el del año anterior. Nada de resurrecciones, ni de la historia dentro de 800 años. El tema comienza dentro de 14 meses. Los protagonistas podríamos ser usted o yo. Suponiendo que usted sea un médico viudo y yo me mude a los Estados Unidos y me gane la vida fotografiando animales salvajes, claro.
Y todo esto, los madrugones, la cafeína, los disgustos cuando la página en blanco no para de crecer, el cerrar el abanico de tu tiempo de ocio a una única actividad durante todo un mes, todo esto, ¿para qué?
Nadie lo explica mejor que Chris Baty.
Chris Baty es el Steve Jobs de la novela corta. El Tim Berners Lee de la comunicación entre escritores noveles. El Jimmy Wales de las historias. Chris Baty es ese tío de San Francisco que hace 13 años convenció a su grupo de colegas de que maltratarse los dedos durante 30 días hasta conseguir juntar tres cientos de miles de caracteres con algo de sentido sobre una pantalla en blanco merecía la pena.
En su charla de ánimos la víspera de comenzar el NaNoWriMo de este año, Chris, comparando la bahía de San Francisco con nuestra propia mente, nos dice que, “tenemos la fortuna de vivir junto al vasto océano de nuestra imaginación. [...] El puerto de nuestra mente da cobijo a suficientes personajes, escenarios e historias como para escribir docenas de libros. Es algo extraño tener todo esto flotando a nuestro alrededor, pero allí están.[...] Por desgracia, cuanto mayores nos hacemos, más difícil es visitarlo.[...] El rugido de este océano creativo se transforma en un sonido distante que, de vez en cuando, se cuela por las noches a través de la ventana recordándonos sitios que una vez amamos y a los que nos encantaría volver. ¿Y sabéis qué? Este noviembre vamos a hacerlo. Volvemos al océano.”
Yo tengo ya mis chanclas, la toalla y la imprescindible cesta de picnic… y ES ROJA. ¡Nos vemos en la playa!

Hablamos en diciembre.
¡Cuento con ello!
Suerte! Espero con ansias el resultado.
¡Gracias! ¡Yo también!
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